HUGO DOPASO
 
 
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Dr. Hugo Dopaso

Desde mi rol de médico psicoterapeuta me he dedicado con pasión a estudiar el tema del final de la vida.

Tuve la fortuna de que éste fuera mi trabajo en los últimos veinte años, en los que acompañé a morir a muchas personas que me han enriquecido con valiosas enseñanzas sobre esta experiencia crucial.

La que me propongo compartir aquí puede resultar extraña y paradojal: la muerte es la gran maestra de la vida, la que nos enseña a mirarla desde la perspectiva correcta, y a verla como nunca antes lo habíamos hecho.

Esta verdad ha podido ser corroborada por aquellos que han sabido acompañar a sus seres queridos al momento de partir.

Tal como yo lo había constatado, estas personas pudieron maravillarse al ver como iban cambiando las actitudes de esos pacientes en la cercanía de la muerte.

Algunas veces el cine muestra admirablemente como puede entenderse que la muerte es la gran maestra de la vida.

En la película “Mi vida”, por ejemplo, al protagonista, un joven y exitoso ejecutivo americano, se le diagnostica un cáncer muy maligno para el que la medicina no tiene respuestas terapéuticas. A la usanza americana, con bastante crudeza le informan que sus días están contados, los mejores pronósticos apenas superan unos pocos meses.

Su esposa está embarazada, y las posibilidades de conocer a su hijo son escasas. La inspirada respuesta de este padre a esa penosa situación consiste en filmar algunos videos para intentar trasmitirle enseñanzas de vida significativas. El momento de mayor tensión de la película se da cuando el protagonista empieza a reflexionar sobre su vida, y para su asombro y frustración, la encuentra malograda. Se da cuenta de que, en su afán de lograr una posición económica segura y confortable, había descuidado los aspectos sencillos de la vida, en especial las relaciones con su familia.

Había vivido de espaldas a su modesto origen inmigrante, distanciado de sus padres y su único hermano, su esposa se sentía sola y postergada en su primer embarazo. Dedicaba mucho tiempo y energía a trabajar, apostando a la promesa de felicidad del “sueño americano”.

De pronto, con estupor, advierte que se ha quedado sólo, ni siquiera tiene amigos verdaderos. Se siente asustado y resentido. Desde la perspectiva del final, ve que su vida entera ha sido una gran mentira y un gran un fracaso, que ha desaprovechado su oportunidad.

El resto de la película es el intento desesperado aunque exitoso por recuperar el tiempo perdido. Sobrevive hasta conocer a su hijo y muere en su casa, en paz, reconciliado con todos, y rodeado por sus seres queridos.

En una escena conmovedora del final puede expresarle a su hijo que duerme plácidamente en su cuna esta profunda verdad: “morir es la manera difícil de aprender a vivir”.

* La terapia “del último año” que estamos llevando a cabo desde hace años, aconseja no esperar que sea la muerte la que nos enseñe a vivir.

Trabajando durante un año como si fuera el último de nuestra vida, podemos hacer una tarea similar. Reflexionar sobre cómo estamos viviendo, corroborar si estamos aprovechando nuestra oportunidad, cerrar viejas heridas, corregir errores, sanar nuestras relaciones insatifactorias, hacer las paces con nosotros mismos y los demás, perdonar y sentirnos perdonados, trabajar el miedo a la muerte y todos los miedos que nos dificultan vivir en plenitud.

En un grupo cerrado de diez personas, con encuentros mensuales, nos damos la oportunidad de hacer este profundo aprendizaje con la posibilidad de poder disfrutar sus logros por algunos años más.


Aprender a morir:
Hugo Dopaso at TEDxBuenosAires 2012
El Dr. Hugo Dopaso en el programa
"Acceso Directo" con Karin Cohen


Morir en la ancianidad

Un buen morir es posible

 

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